¿Un Cisne Negro?


¿Es este coronavirus y sus efectos un suceso de tipo Cisne Negro?

Quizás sea esta una de las preguntas que ronden en la actualidad por la cabeza de muchos economistas, sobre todo de aquellos expertos en modelización de escenarios de riesgo y de estrés.

Definamos primero, a qué nos referimos con este tipo de sucesos, y reflexionemos sobre la base de esa definición.

Nassim Nicholas Taleb, en su libro El Cisne Negro, cuya lectura recomiendo, define un Cisne Negro como un suceso improbable, con importantes consecuencias, y para el que todas las explicaciones que se ofrecen a posteriori no tienen en cuenta el azar, sino que buscan encajar lo imprevisible en un modelo perfecto.

Vamos por partes:

1.-Suceso improbable: es decir, del tipo de los que en los modelos de previsión estadística típicos se sitúan en las colas de las distribuciones.

Parece a priori que el COVID-19 es un suceso que encajaría dentro de esa definición.

En mi opinión, no creo que haya muchos modelos de previsión de riesgos, que hayan contemplado la irrupción en el escenario mundial de una crisis de estas características; asumiendo que algún modelo lo hubiera contemplado, estoy convencido que lo habría incluido dentro de lo improbable, es decir, de aquello con muy poca probabilidad de suceder.

Creo que aquí es importante matizar que, si bien el suceso en sí podríamos considerarlo como altamente improbable en su origen inicial, no me atrevería a decir lo mismo de su ocurrencia en los lugares que no corresponden a ese origen. Es decir, suceso improbable en China cuando surgió, pero bastante previsible después su extensión y ocurrencia en el resto de la geografía.

2.-Importantes consecuencias: convendremos en que nadie duda a estas alturas de que este suceso, ya está teniendo consecuencias importantísimas (sin duda alguna las más graves y lamentables, las relacionadas con la pérdida de vidas y con el deterioro de la salud de muchas personas); a lo que hay que añadir las consecuencias económicas que también indudablemente va a tener.

3.-Explicaciones a posteriori: en este punto, creo que todavía no estamos en disposición de hacer las valoraciones oportunas, aunque aventuro con las explicaciones que se han dado hasta ahora, que efectivamente se deja de lado el azar, y se han empezado a proporcionar explicaciones más o menos racionales sobre el origen del suceso y su propagación inicial. Insisto una vez más en la necesidad de diferenciar entre el suceso original y el resto de ocurrencias que se están manifestando en los distintos países.

En mi opinión, el suceso original sí que correspondería a un suceso de tipo Cisne Negro.

El resto de ocurrencias, su extensión a otros países, y su propagación en cada uno de ellos, no parecían en absoluto improbables.

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